¿Que son esas luces?
Siempre me ha atraído la lluvia va con mi carácter a ratos taciturno. Sin yo saberlo las condiciones meteorológicas del día me llevarían a darme una hinchada de húmeda melancolía. La jornada comenzó bien, como es habitual mi ella llevaba ya un par de horas de trajín mañanero. Bostece con ganas me puse las zapatillas y puse rumbo al calorcillo de la estufa del comedor.
El recibimiento fue de gala, una sonrisa musicada con un "has dormido bien" y acompañado todo ello de un desayuno de altura, "bájame el café que no alcanzo, vida, y ponte en el tostador una rebanada de pan si tienes hambre, que yo ya hace horas que he desayunado con mi amiga, marmota". Entendí que el apelativo iba dirigido a mi, no a su amiga. Se que me quiere pero le agradecería algo más de sutileza en sus criticas a mi bendito odio al madrugón que para mi supone estar activo antes de las once de la mañana.
Tras atiborrarme de pastillas, seis piezas ya de mañana y tomar un frugal desayuno de tostadas y cola-cao light, me enfrente con una obligación muy desagradable, la necesidad de acarrear desde la cuadra algo de centenaria madera, con el fin de poder mantener caliente el hogar.
Estoy casi seguro que la niña de mis ojos no conoce aun los bajos de la casa. A mi parecer un raro encantamiento le impide traspasar el umbral de la puerta de acceso al húmedo y poco acogedor recinto. Según parece unos supuestos bichos que no dudo que habitaran en tiempos ancestrales los escondrijos y esquinazos de la cuadra, pero que estos tiempos modernos ya se pueden dar por desaparecidos, bien por extinción bien por necesidades migratorias bien conocidas en mi país, son parte fundamental del hechizo de impenetrabilidad que impide su presencia en la cuadra.
Mentiría si dijera que no me gusta ver crepitar las llamas en la chimenea y sentir el agradable calorcillo, pero mentiría más aun si no reconociera que odio profundamente la logística necesaria para poder presenciar el agradable espectáculo. El acarreo de troncos no es un deporte que me interese, no solo es aburrido, además es francamente agotador. Pero el patrón manda y al obrero que le jodan, de nada me sirven mis andanzas sindicales en esta empresa unipersonal que con mano de hierro dirige mi corazoncito.
Entrar en calor entre, no como a mi me gusta, pero ¡voto a Belcevú! que entre. Pero más que el infernal esfuerzo me jodió tener la sensación de que aquel chico guapetón y bien dispuesto, cuyo destino era dominar a toda hembra que se pusiera a tiro, había quedado con el paso del tiempo reducido a lacayo sumiso y obediente. No es vida placentera la del siervo, pero sarna con gusto...
Cumplido el encargo decidí con sabia determinación, tomarme un respiro ojeando la prensa local hasta alcanzar la hora del almuerzo. Como quiera que disponíamos de comida cocinada y convenientemente congelada para cubrir nuestras necesidades, con la única y necesario pauta previa de calentar antes de comer, ella decidió hacerme compañía disfrutando de su recientemente adquirida afición a los solitarios. Paz y reposo, que puede haber mejor en esta vida.
¡Comer, llenar la panza de pitanza! empezó a gritarme mi tracto intestinal, demanda que trasmití sin demora, obteniendo como respuesta un sugerente pero firme "pon la mesa y mete los tupper en el micro, que ya si eso ahora voy yo". Obedecí acuciado por mi estomago que siempre ha tenido un gran ascendiente sobre mi, y sabedor de que esta seria la única forma de acallar sus demandas. Dicho y hecho, mesa y plato puesto y en agradable compañía dimos buena cuenta del condumio y disfrutamos del delicioso café de sobremesa.
Hacia las siete de la tarde ahíto de descanso post-almorzativo, y prestando oído finalmente a la sugerencia repetida en innumerables ocasiones de que seria bueno dar un paseo para rebajar lo embuchado, dije con voz firme, ahora si que me daría un vuelta por la Alameda o así. "Más vale ahora que nunca" me contesto mi ella. Total entre desperezos y preparativos, cuando pusimos pie en la calle eran mas de las ocho de la tarde y el sol ya hacia tiempo que se había arropado y despedido hasta mañana. Bajamos la cuesta, atravesamos la plaza, bordeamos la catedral y descendimos hasta la Alameda.
Como este es el único sábado del año que al parecer tiene merecimiento de ser de gloria, atributo con cuya concesión yo coincido totalmente por ser el único día de esa semana de puro buena santa, en que no se sacan a pasear cristos ni vírgenes, y en que las calles están libres de cantos y beatos/as, yo estaba disfrutando del paseo y propuse continuarlo haciendo un tour hasta la plaza de toros por el recoleto paseo de la Cruces. Tengo que recordaros que la meteorología reinante no era la más adecuada para andar paseando y que la lluvia que caía con fuerza, podía resultar molesta en algunos momentos, pero es que ha mi, como creo haber dicho antes, me va la melancolía húmeda de los paseos bajo el chaparrón.
Al llegar a la altura de la finca abandonada junto al río, y una vez cruzado el puente sobre el Henares, en la lontananza tras el coso, mitigadas por la lluvia vislumbramos unas multicolores luces parpadeantes. Quede perplejo por el espectáculo, las diminutas lucecitas en la cima de la loma que da protección de los helados aires del norte a plaza y parque de bomberos. Mi absoluto pasmo ante la visión, fue algo habitual en mi, soy fácil de maravillar, las luces parpadeantes en lo alto del cerro, despertaron en mi mente sugerentes ideas de encuentros en la tercera fase. ¿Serian aquellas luces al fin la demostración de existencia de vida inteligente en la tierra, aunque solo esté de visita? ¿Por fin los chimpaces, podríamos contemplar como es una especie desarrollada más allá de las proezas físicas de un antropoide bípedo? ¿Dejaría de llover de una puta vez, para tener una visión clara del espectáculo? ¡Mira esposa! grite. ¡Mira esas luces! ¿las ves? Tras unos segundos de ajuste visual, me respondió afirmativamente con un "¿A quien se le habrá ocurrido poner un puticlub ahí arriba?"
Demoledor, la voz de la racionalidad y la coherencia de mi Pepito Grillo particular, había desechado en unos segundos toda probabilidad de tener un mágico encuentro extraterrestre, y lo había travestido en una visión de la añeja caspa patria. Quien va a poner un club de alterne ahí, conteste con convicción, lejos de todo y de todos. Una mirada inmisericorde acompaño a su fina puntualización, "¿que quieres que lo pongan enfrente de la Catedral? atontao." Me resistía a la vulgarización de mi sueño, un lupanar donde debía haber aterrizado una nave interestelar, eso era de todo punto impensable. Tu estas muy equivocada bonita, le espete. Apuéstate algo a que ahí no hay una casa de citas, ¿tu crees que la curia episcopal lo iba a permitir? dije convencido. "¿Cuanto?" dijo ella, ¿cuanto que? conteste confundido. "¿Que cuanto te apuestas, amor?", lo que quieras, pon tu la cantidad. "Si es un avistamiento alíen, te prometo una noche de lascivia, pero si solo son las luces de un negocio ordinario, tu me endosas 50 euros. ¿Trato hecho?" Hecho, conteste.
Empecé a darme cuenta de mi más que posible error según ascendíamos hacia la visión. Cuando nos encontrábamos más o menos a unos doscientos metros, todo tomo mayor claridad, aquel posible avistamiento ovni devino en visión cutre-festera, ante mis sorprendidos sentidos apareció una pista de coches eléctricos de choque, con sus luces parpadeantes y su estridente musica ratonera y vulgar. Mi naturaleza inocente fue golpeada sin piedad por la horrísona visión. ¡Como es posible que el ayuntamiento halla colocado en este paraje inhóspito, una atracción de feria! brame. "Estará dentro de su plan para emprendedores, estos del PP son así de creativos. Pero no dislates y vengan los 50 euros que he ganado." ¿Como que has ganado? tu dijiste que era un club de alterne y no lo es, conteste airado. "No chiquitín yo aposté por -un negocio ordinario- y más ordinario no lo hay."
Me iba a quedar sin encuentro en la tercera fase, sin 50 euros y sin fornicar. Fui engañado por mis deseos de conocimiento, por mi espíritu aventurero y por la arpía de mi doña, esa manipuladora saca mantecas, engaña chiquillos, que adoro con locura. "Venga sonríe, que la noche es larga y puede depararte alguna sorpresa, cielo mio" y yo sonreí.
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